Rafael Ithier: “Yo creo en Puerto Rico”

La celebración del 55 aniversario de la orquesta salsera aún provoca ilusión en su creador.

Diez gobernadores y cuatro huracanes después que en el 1962 Rafael Ithier Natal fundara El Gran Combo de Puerto Rico, aún la orquesta colecciona dos cosas: el sabor original y el cariño del pueblo al que representa. Y aquí estamos, 55 años más tarde, aplaudiendo a esta agrupación igualmente bautizada como La Universidad de la Salsa o Los Mulatos del Sabor, por el orgullo que provoca su consistencia en el terreno musical.

El aniversario lo festejarán con el concierto “This Is It”, que en el Coliseo de Puerto Rico tendrá lugar el 27 de mayo a partir de las 8:30 de la noche. Como invitados figuran La India y Gilberto Santa Rosa.

Ithier ya tiene 91 años. Es caballeroso, cauteloso al responder y con la seguridad que los años le otorgan reconoce sus aciertos y desaciertos como creador y director musical de una orquesta considerada por sus fanáticos como patrimonio nacional. En medio de un aguacero torrencial nos recibe amable y agradecido de que retáramos el clima para encontrarlo. La claridad molesta sus ojos así que pone y retira sus gafas oscuras con frecuencia. Cuando comienza a hablar “del Combo”, tiene la misma sonrisa que exhibe en tarima al dirigirlos.

La orquesta ha vivido periodos alegres y tristes que repasa durante la entrevista pero el saldo queda en positivo. Ese desafiar el viento y la marea también puede inspirar al país en estos momentos.

“Yo creo que El Gran Combo, sin ser santos ni nada de eso, ha sido un buen ejemplo. Yo hablo con los muchachos con mucha frecuencia y me siento muy orgulloso del comportamiento de El Gran Combo, de lo que significa para Puerto Rico. ¡Nosotros vamos por los aeropuertos y ni nos registran! Eso de verdad es un gran logro porque nos hemos portado bien, hemos sido gente responsable con nosotros mismos y con lo que representamos y eso a mí me llena de un orgullo enorme porque yo soy muy puertorriqueño. Olvídate de colores, no creo en nada de eso, yo creo en Puerto Rico, yo adoro a Puerto Rico y a mí me importa lo que pasa en Puerto Rico. De aquí no me quiero ir”, afirma convencido.

Cuando Ithier quiere relajarse escucha jazz y música romántica o “romanza”, como le decían cuando su tío fundó el primer trío del compositor Rafael Hernández, el Trío Borinquen. “Ahora le dicen balada. Te tengo que ser honrado, aquello eran poemas con música”, dice el hijo de padres mayagüezanos -Nicolás y Mérida- quien creció en Monacillos, Río Piedras.

Las etiquetas musicales le causan risa porque considera que “la música es como una centrífuga” y ofrece varios ejemplos para comprobarlo. “Nosotros cantamos “No hay cama pa’ tanta gente”. Esa canción yo la oí estando en San Francisco, California, y dije ‘esa canción me gusta’. Era de Ramito, era una canción de Navidad. Nosotros grabamos eso y se convirtió en un himno, ¡hasta nos llevaron a Barcelona una despedida de año a cantarla! Ahora a eso le dicen salsa”, cuenta.

Porque la centrífuga sigue dando vueltas, con “esa palabrita” definen también una canción que grabaron en sus comienzos, “Farsaria”, que les abrió las puertas en México donde ya la conocían gracias a Pepe Arévalo. “Ahora a todo le dicen salsa”, dice y vislumbra buenos tiempos para el género.

“Cuando hablas de jazz, hablas de Estados Unidos. Esto ahora le dicen salsa pero primero le decían música afrocubana, afroantillana, tropical, pero es música de los latinos y va a seguir siéndolo toda la vida porque es la que más asimilamos. Esta música tiene vida si tú se la das con respeto y con conciencia de que a la gente hay que complacerla. Yo creo que no tendremos problemas con eso”, vaticina.

Como tampoco los tendrán si siguen aferrados al rigor con que operan. “La disciplina es la fuerza de El Gran Combo y el legado que podríamos dejar. Tocar bien o mal es un legado que deja cualquiera, yo creo que la durabilidad de El Gran Combo, su fuerza, está en su organización. Los muchachos me respetan mucho, yo los respeto mucho a ellos y para tomar una decisión esto no es así porque lo dije yo. No. Cuando hay que tomar una decisión, y creo es un poquito difícil, me siento con ellos y lo discutimos. Siempre ha sido de esa manera pero hay una parte bien importante en esto”, alerta sobre la segunda parte de una historia.

“Normalmente se hace una orquesta y tiene un director y ese es el que manda, dice lo que va a pasar y paga. Aquí, desde el tiro, el director soy yo, para los efectos me hicieron el dueño de El Gran Combo y así lo entendí yo, pero aquí nos dividimos los éxitos y los fracasos. Hemos tenido muchos éxitos, modestia aparte porque en 55 años decir que no hemos tenido ninguno sería yo hipócrita, pero también hemos tenido fracasos”, acepta el músico.

Ithier diferencia una vivencia de la otra. Afirma que “el éxito tú lo disfrutas pero de él no aprendes nada” mientras que “de lo que tú aprendes es de los fracasos”.

“Y esos fracasos han sido bastantes, no tantos en comparación con los éxitos. Por ejemplo, hemos ido a tocar en una actividad y el director que iba a pagar desapareció y no vamos a cobrar un solo centavo porque nosotros hicimos el negocio mal o porque el tipo fue muy listo y se fue. Pues nos vinimos para la casa y nadie cobró. Pero entonces hay otro que me dice ‘te voy a dar cien mil dólares porque hagas el baile tal’, y le sacamos los gastos y nos dividimos los cien mil dólares en partes iguales. O sea, cuando hay mucho no los dividimos igual y cuando no hay na’ no los dividimos también”, detalla.

Para este aniversario le ilusiona haber invitado a la India -“¿quién iba a pensar que ella estaría con nosotros?”- y a Gilberto Santa Rosa de quien aclara, “ese es de la casa”. “Y puede que haya una sorpresita”, menciona y calla, cual mago de la intriga.

Ni Beethoven ni Bach: Ramito 

A los diez años, Ithier coqueteó con la guitarra y la dominó. El contrabajo lo espantó por sus dimensiones hasta que el piano que aprendía a tocar su hermana lo cautivó.

-¿Aprende rápido a tocar un instrumento?

No se me hace muy difícil aprender los instrumentos, no es que sea un virtuoso pero resuelvo. Yo me puse por mi cuenta a tocar el piano y ahí me quedé.

-¿Qué pianistas le gustan?

Oh, yo soy fanático de eso. Mi ídolo grande se llamó Luisito Benjamín, un pianista puertorriqueño que de este género es el más grande que yo he visto. Otro que fue mi ídolo era un pianista cubano que llamaban Peruchín.

¿Cómo uno encuentra su estilo?

A cantazos porque uno no tiene la preparación musical como para decir me voy a agarrar de Beethoven o de Bach. A uno se le ocurre lo que se le ocurre y lo pone ahí y hace un estilo. Conozco muchos músicos que han estudiado y cuando llega la hora de expresarse se agarran mucho de la música clásica que estudiaron y pueden llevarla a la música popular. En el caso mío, cuando yo me siento a hacer un arreglo pienso mucho en Ramito, en “Chuíto el de Bayamón”, en el Cuarteto Marcano que es lo que conozco. Yo me agarro de lo que yo oigo.

Quizás por eso su música conecta con puertorriqueños de todas edades.

Seguro, hombre. Y no estoy diciendo que soy el grande. He hecho una contribución ínfima pero la he hecho de acuerdo a mi capacidad, yo tengo mucha fe y creo mucho en mí porque yo soy positivo. Por esos pocos conocimientos que tengo, lo que yo absorbo de lo que oigo alrededor y me gusta, lo digiero, lo escribo en el papel y ése es el estilo mío. Ese es el sonido de El Gran Combo.

Amarraíto

Como un logro Ithier puntualiza que El Gran Combo de Puerto Rico tiene una identidad musical única y definida. “Tú oyes diez números y todos se parecen porque ese es nuestro estilo”, dice. Cuando eso sucede, ellos lo definen como tocar “amarraíto”.

¿Cómo se toca amarraíto?

El Gran Combo ensaya para que suene como El Gran Combo, esa es la diferencia. Le voy a poner un ejemplo, hay muchos grupos que van a grabar un álbum, cogen diez números y se los mandan a arreglar a ‘Pedro’. Ya en el estudio, ‘Pedro’ le hace los arreglos y los músicos que van a tocar, como tienen la preparación, lo ensayan y lo ejecutan según lo que entienden es la manera que quiere el arreglista y hacen su música muy bien hecha. Esos músicos tocan cada cual a su manera. En el caso de El Gran Combo, pues yo llevo un arreglo y vamos a ensayarlo para que se parezca a El Gran Combo. Tú traes un conguero o un bajista y ese hombre es una maravilla, ese instrumento se lo come y está bien, es su manera, pero aquí tiene que tocar como El Gran Combo. El Gran Combo tiene que tocar como una marcha, eso es lo que llamamos amarraíto porque es a la manera de nosotros, todos. Tú vienes a cantar con El Gran Combo y tienes que adaptarte a él, no El Gran Combo a ti.

¿Tiene manías en el escenario o en los ensayos?

Si fuéramos a usar una palabra El Gran Combo es espontáneo. Lo que yo hago los muchachos me lo alaban y lo que ellos hacen yo se lo alabo. Igual te digo que me dicen ‘oye, hay una cosita ahí que está un poquito rara’. Y yo les digo ‘ah, pues vamos a arreglarla’. Por eso te digo que, propiamente dicho, El Gran Combo es un ente.

¿Qué críticas ha tenido?

Un periodista dijo que oír el primer número y el último del long play nuevo en ese momento era lo mismo y es verdad. Lo decía como una crítica despectiva pero más adelante decía ‘el álbum se está vendiendo muy bien y el bailador tiene números que puede bailar porque tienen mucho ritmo’. Se canta y se llora porque nosotros hicimos una orquesta pa’ que sonara bien chévere, que cuando tocáramos la gente nos aplaudiera y para hacer un disco que se pegara. Si tu logras ese propósito, cumpliste. Aquel artículo terminaba preguntando cuánto más iba a soportar lo mismo después de tantos años El Gran Combo, pues hasta que la gente no lo quiera. Las combinaciones ganadoras no se cambian.

¿Han tenido muchos tropiezos?

Nosotros hemos tenido muy pocos tropiezos y obstáculos como demandas o comentarios y lo entiendo porque es parte de este negocio también.

Se le puso el cuero duro.

El que piense que todo lo que tú haces va a gustar está equivocado. El Gran Combo tiene adeptos y tiene gente que no quiere saber de él porque no le gusta, porque es lo lógico. Siempre que le guste a 6 y a 4 no, pues perfecto porque el porciento está a favor mío.

Complacer porque sí

Lo de “Timbalero” ya es epidemia. Una presentación sí y otra también, el Combo recibe la petición de cantar el pegajoso tema y la orquesta responde porque, según su líder, complacer y respetar al público está en su ADN.

¿Han pensado no tocar “Timbalero”?

Óyeme había un pueblito -no te voy a decir el nombre- al que vamos a tocar fiestas patronales y la gente siempre quería que tocáramos el “Timbalero”. Había dos personas que siempre decían ‘yo no los traería más nunca’ porque se endiablaban. Un día tocamos “Un verano en Nueva York” porque tenía un solo de timbal. Lo hicimos, le gustó mucho a la gente, y cuando fuimos a acabar el público empezó: ‘¡Timbalero, Timbalero!’. Yo me paré y le dije a los dos señores: ‘¿Ustedes se dan cuenta de por qué es que tenemos que tocar el Timbalero?’”.

¿Qué debe tener una presentación en vivo para que usted diga quedó como es?

Yo miro mucho la reacción del público, si entiendo que no está muy conforme con la actuación de nosotros no me satisface porque pienso que no logramos el cometido. Una de las cosas que yo quise al principio es llegar a todos los públicos, nosotros nos distinguimos por tocar salsa pero tocamos merengue, bomba, plena, bolero, tocamos de todo. Mi ambición es prepararnos para los distintos gustos del bailador. Si siento que no lo hemos logrado eso me pone un poquito down pero entiendo que no todas las veces podemos complacer a todo el mundo.

A juzgar por el trato en estos años El Gran Combo es una orquesta respetada en el mundo.

Nos respetan porque nosotros los respetamos a ellos. Nosotros tenemos que tener un respeto enorme por esa gente que está ahí, tocar ante 50 personas te parte el corazón -acuérdate que el fracaso artístico duele más que el económico- pero si hay cuatro ó diez ó veinte hay que tocar, y si hay cinco mil pues mejor todavía, es cuestión de respetar.

¿Y si se pone difícil la cosa?

Piénselo bien. Son 55 años procurando mantener vigencia en la cambiante industria musical. Fugaces no han sido pero Ithier ha estado con el oído en tierra todo el tiempo para saber cuándo hacer los cambios apropiados.

“Siempre hemos tratado de dar un poquito más de lo que hemos dado”, reflexiona, “aquí hubo una época en que el merengue se metió de tal manera que yo quiero que tú sepas que fue fuerte; íbamos a tocar en los bailes de graduación y la gente se quedaba sentada y subía Wilfrido (Vargas) o Johnny (Ventura) y aquello se quería caer. Pues yo mandé a hacer cinco merengues y empezamos a tocar los bailes con un merengue y, después que los tenía en el salón, pues ya son míos, de ahí yo me encargo de lo demás.

Los años en que se impuso la denominada salsa romántica también trajeron una alteración en el camino. Ithier reconoce que “muchas personas y fanáticos” le dijeron que “había que hacer otra cosa”. “Incluso dentro del mismo grupo había gente que pensaba eso”, confiesa.

“Mandé a buscar a un señor a quien admiro de una manera bárbara y le dije ‘El Gran Combo es patrimonio nacional y hay que mantenerlo, hay que hacerle una serie de cosas que yo no puedo hacer porque no tengo la preparación para hacerlas pero ustedes que son muchachos versátiles con una preparación grande, son los que tienen que coger este patrimonio para que se mantenga’. Él me dijo ‘lo que yo voy a hacer, Don Rafa, le va a gustar’ y yo le dije ‘te lo agradezco’. Ahí hicimos “Ámame” y “Aguacero”, que son de los standard (clásicos) más grandes de El Gran Combo. A ese tipo le agradezco infinitamente porque más que ser un servidor de nosotros hicimos una hermandad, aprendí mucho de él”, cuenta emocionado.

¿Quién fue, Don Rafa?, quiero saber. “No, no, no quiero herir sensibilidades”, despacha el tema con una sonrisa.

Pedir ayuda no atacó su orgullo de músico. Ithier aceptó que otra gente podía ayudar al Combo. “Pues lógico, si tú no puedes busca alguien que lo haga; lo entendí y nos dio muy buen resultado, aprendimos un montón. Había que hacer unas cositas para evolucionar dentro del estilo de El Gran Combo, sin dejar de serlo, y aquí estamos”, cuenta feliz de haber pasado el aguacero.

El difícil adiós

Hay integrantes que han tocado toda su vida, o la mayoría, con la orquesta. Algunos han muerto siendo integrantes del grupo. Otros han decidido crecer en otra dirección y esas partidas suelen ser dolorosas; caldean ánimos entre los fanáticos y despiertan cobertura mediática. De El Gran Combo de Puerto Rico se fueron músicos como Elías Lopés o Roberto Rohena y cantantes como Andy Montañez y, más recientemente, Charlie Aponte, entre otros.

¿Cómo se toman las partidas?

Cada vez que ha sucedido eso a mi, y a mis compañeros también, nos afecta. Vivimos más entre nosotros que con la familia y cuando tienes tanto tiempo, 20, 25 años, con una persona y se te va del lado tienes que ser de hierro para no sentirlo. Quizás a mí me afecta un poquito más por una razón. Ninguno de los músicos que han entrado a El Gran Combo yo los conozco, sobre todo los cantantes. Nadie los conoce y cuando salen años después ya los conoce medio planeta. Nadie tiene un contrato que dice que tiene que estar todo el tiempo aquí, se puede ir cuando quiera, no tengo ninguna objeción a que cualquiera piense que su mejor estar es siendo solista o salir de El Gran Combo. Sí, me duele, cómo no, pero si lo haces de la manera correcta me duele menos. Si te he dedicado 20 años a ti como compañero, me merezco que cuando te vayas a ir me digas ‘mira, no quiero seguir más’, pero no sigas andando y te vayas porque yo creo que me merezco que lo hagas chévere. Con eso estoy conforme.

Usted conoce las personalidades y los humores de todos los músicos como un padre.

Tienes un señor que tiene 44 años aquí, otro tiene 35, otro 28. ¿Por qué no se van? Porque quieren El Gran Combo, lo que representa para Puerto Rico y lo respetan. Ellos tienen una responsabilidad adicional porque mucha gente, cuando llega una etapa de aceptación, se le van los humos a la cabeza pero aquí no. Aquí hay una estrella grande que se llama El Gran Combo de Puerto Rico y somos como parásitos de El Gran Combo. Así lo entendemos.

En el caso de Willy Sotelo, identificó en él habilidades administrativas además de ser pianista y confió en él.

Por una razón muy sencilla, nosotros tuvimos bastantes managers y, te tengo que ser honrado, con todos ellos tuve algún problema porque llega un momento en que se creen con la autoridad de decir lo que hay que hacer. Llegó un momento que dije ‘yo solo no puedo bregar con El Gran Combo’. Cuando yo me enfermé, William me fue a sustituir a Canadá donde fuimos a tocar y los muchachos estuvieron muy contentos con su actuación. Como estábamos haciendo un álbum le dije ‘quédate ahí un rato’. Él me dijo que había estado cinco años dirigiendo la orquesta de Frankie Ruiz y cinco años dirigiendo el Apollo Sound de Robertito Rohena. Tiene el conocimiento y, con los míos, lo voy a usar para manejarnos nosotros mismos. Y yo te puedo decir, con toda honradez, que es cuando mejor ha funcionado El Gran Combo.

¿Qué le gustaría hacer?

Esto es un poquito difícil decirlo y admitirlo pero nosotros necesitamos estar más unidos, debe haber una unión de músicos. No es una casa que nos represente es algo que cuando tú tienes una orquesta y está la situación difícil que yo te pueda ayudar y cuando yo esté pillao, entonces tú me ayudes a mí y al otro. A esa unión es a la que me refiero. He tratado pero no he podido lograrlo porque no es fácil. En muchas ocasiones se ha logrado pero no como yo quisiera que fuera.

Por: Tatiana Pérez Rivera/PrimeraHora